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22
Jun

Compras compulsivas y Crónicas Marcianas

Siempre sucede lo mismo. Entro a cualquier local comercial de libros o discos y zaz!!! Me engancho.

El miercoles de está semana fui a buscar algunos libros técnicos que me recomendó una amiga. Saliendo de los menesteres diarios me lancé a un “Sótano” ubicado en el sur de la Ciudad de México. Después de husmear por la sección de libros de computo, buscando y rebuscando infructuosamente las recomendaciones de la amiga, terminé por fastidiarme y me fui directo a la sección de los libros de verdad, de esos que narran historias - ficticias o reales -,  que atrapan la mente como arañas a moscas, y que infusionan al cerebro de ideas locas. Mientras afuera caía una de esas lluvias torrenciales espanta-cristianos, deambulé entre esos viejos amigos buscando algo de Ibargüengoitia o de Vargas Llosa que aún no cayera entre mis manos; eché miradas largas y libidinosas a esos bonitos pero demoniacos encuadernados de Lovecraft; me sentí tentado de darle una oportunidad más a Laura Restrepo, después de la buena impresión que me dejó con su Delirio; busqué algo más que hubiese salido de la mente de Xavier Velasco, quien me prendó con la historia de Violeta y su Diablo Guardián, tan parecida a alguien que conocí; pasé de largo ante Dostoievski porque me recuerda a personas ingratas; y alguna colección de cuentos de Asimov se asomó por ahí rogándome que la trepara a mi vida; pasé también entre los siempre desdeñados - por mi - libros fantásticos de Tolkien (perdón Aisling, si es que lees, siempre ha sido así), algún día de estos me quitaré el prejuicio y los leeré. Sin embargo el enganche sobrevino cuando observé la cubierta de ese libro, una de las mejores que he visto, aquí está:

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07
Jun

Hubo alguien

Acostumbrado a mutar toda la vida, influenciado de a “poquitos” por ellos, aquellos o éstos, por sus palabras, por lo que hacen, por lo que escriben; así se desarrolló aquella larva de personalidad que ahora - en etapa adulta - conforma un todo en la vida, en mi vida. Pero la transformación total, al igual que en la naturaleza, implica un cambio drástico, una “vuelta de tuerca” salvaje que descontrola y muy a menudo deja vulnerable. Sólo entonces, la evolución verdadera habrá acabado, y el ser total se habrá definido. Se podrá seguir mutando de a “poquitos”, pero nunca demasiado.

Supongo que en la vida de todos siempre hay un momento que se convierte en punto de inflexión. Así sucedió conmigo; hubo un momento, un instante, quizá no tan corto, que duró meses, años tal vez, pero no más de tres, en que muté de manera compleja y súbita; una evolución  - ¿o será involución? - propiciada por algo, o mejor dicho, por alguien.

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08
May

Evocando a Amelia

Ayer por la noche al regresar a casa decidí ponerme los auriculares para escuchar un poco de radio. Sintonicé una de esas típicas estaciones que repiten su programación cada dos horas durante el día, sin embargo, a esas alturas de la noche - 10:00 P.M. - había un programa dedicado a éxitos ochenteros y noventeros; después de fumarme dos o tres canciones sin ningún chiste fue cuando la escuché: una canción que me evocó a una persona, y a una situación que tuvo lugar hace mucho tiempo.

Conocí a Amelia en mi tercer año de preparatoria, allá por 1997; aquella escuela donde nos conocimos era mejor conocida como “La Playa” - “el que no va a tomar el sol, va a ver qué pesca” -, tal era el desenfado de los alumnos. Amelia era amiga de Denisse.

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26
Mar

Mi top 5 personal de podcast

Con el advenimiento de la nueva cultura digital también llegaron al mundo nuevos medios de manifestar el pensamiento y las ideas, el blog es uno de esos medios. Otro medio sumamente interesante lo constituyen los podcast, esos archivos digitales de música (MP3) que pululan ahora por el ciberespacio, y que se pueden escuchar desde el mismo navegador o descargar; los hay de todo tipo de temática: de sexualidad, de sistemas operativos, de música, cine, videojuegos, historia y un largo etcetera. La siguiente lista contiene los podcast que me gusta escuchar, no olvides darle una checada a alguno de ellos.

Podcast

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19
Feb

Cambio de vida.

En días recientes logré culminar otra etapa más en mi vida. Logré titularme en la Universidad con el grado de Maestro en Ingeniería; contra todas mis expectativas no salí tan mal parado en la replica oral de mi trabajo de tesis, e incluso recibí una mención honorífica y fui nominado a recibir la medalla Antonio Caso, la cual - sinceramente -, no creo ganar ni remotamente.

Una vez pasada la euforia inicial caí en la cuenta de mi realidad: he pasado a formar parte del grupo de los 7… Los 7 millones de desempleados que existen actualmente en México (¿o ya son más?). Ante la presión de las exigencias modernas tendré que buscar un trabajo, lo cual no me hace ninguna gracia: en mi primer visita industrial poco me faltó para salir corriendo de la planta; demasiado ruido, demasiado calor, demasiado olor, demasiada gente.

Cuando dirigí mis juveniles pasos hacia el estudio de una ingeniería mi mayor motivación era el deseo de conocer cómo funcionan y cómo se hacen las cosas. ¿Como rayos flota un barco si está hecho de acero? ¿Por que vuela un avión si no puede mover sus alas? Todas esas cuestiones que a nadie le interesan y que son tan naturales a todos me intrigaban de niño, todas esas cuestiones me encaminaron a lo que estudié. El grueso de mis compañeros de estudios tuvieron motivaciones distintas: “Estudio ingeniería para tener dinero y así tener muchas viejas”, así me contestó algún día un interpelado al que le faltaba algo más que dinero para cumplir sus anhelos.

Tengo la idea loca de que el modelo económico imperante en el mundo actual ha transformado radicalmente al hombre que se interesa en ciencia. La modernidad exige fabricación de productos en serie: Coca Cola, autos, computadoras, condones y un millón de cosas más. Ante esto el hombre de ciencia se especializa, se enfoca, se encierra y se vuelve un engrane más de la maquinaría de hacer dinero. Lejos han quedado los días de los hombres de ciencia multidisciplinarios. Conozco poco ingenieros capaces de tomar un libro y sentarse a leer por puro gusto. Lejos han quedado aquellos días en que lo hombres de ciencia de dedicaban realmente a eso, a la ciencia, y no a trabajar con tal de sostener la hipoteca, el crédito del banco, la mensualidad del coche o el departamento de la amante, todas esas cosas que ahora se ajustan a la definición moderna y occidental de “éxito”.

Mientras divago más sobre estas cosas no sé que voy a hacer con mi vida, a veces me pica el gusanito y me dan ganas de seguir los pasos de Dostoyevski y de Ibargüengoitia, abandonar la ingeniería y comenzar a escribir… aunque sinceramente no creo dar el ancho. Y usted que se animó a leer esto… ¿A que se dedica?