Siempre sucede lo mismo. Entro a cualquier local comercial de libros o discos y zaz!!! Me engancho.

El miercoles de está semana fui a buscar algunos libros técnicos que me recomendó una amiga. Saliendo de los menesteres diarios me lancé a un “Sótano” ubicado en el sur de la Ciudad de México. Después de husmear por la sección de libros de computo, buscando y rebuscando infructuosamente las recomendaciones de la amiga, terminé por fastidiarme y me fui directo a la sección de los libros de verdad, de esos que narran historias – ficticias o reales -,  que atrapan la mente como arañas a moscas, y que infusionan al cerebro de ideas locas. Mientras afuera caía una de esas lluvias torrenciales espanta-cristianos, deambulé entre esos viejos amigos buscando algo de Ibargüengoitia o de Vargas Llosa que aún no cayera entre mis manos; eché miradas largas y libidinosas a esos bonitos pero demoniacos encuadernados de Lovecraft; me sentí tentado de darle una oportunidad más a Laura Restrepo, después de la buena impresión que me dejó con su Delirio; busqué algo más que hubiese salido de la mente de Xavier Velasco, quien me prendó con la historia de Violeta y su Diablo Guardián, tan parecida a alguien que conocí; pasé de largo ante Dostoievski porque me recuerda a personas ingratas; y alguna colección de cuentos de Asimov se asomó por ahí rogándome que la trepara a mi vida; pasé también entre los siempre desdeñados – por mi – libros fantásticos de Tolkien (perdón Aisling, si es que lees, siempre ha sido así), algún día de estos me quitaré el prejuicio y los leeré. Sin embargo el enganche sobrevino cuando observé la cubierta de ese libro, una de las mejores que he visto, aquí está:

Crónicas Marcianas

Todo mi vida imaginé el cohete descrito por Julio Verne en De la Tierra a la Luna precisamente como se ve en esta ilustración; liso, brillante, reluciente y apuntando al cielo como amenazando a Dios. El libro además, es todo un icono de la literatura de ciencia ficción.

Siempre anhelé adquirir Las Crónicas Marcianas de Ray Bradbury. Si voy a una librería nunca consulto a los sujetos esos que te apoyan en la búsqueda de libros, siempre voy a la caza de lo que encuentre, y este libro nunca lo había encontrado, así que de manera compulsiva lo compré junto con otros libros que se colaron por ahí. Salí del “Sótano” cargado de ciencia ficción y no de computación.

Considerado como una figura emblemática de la ciencia ficción en el siglo XX, Ray Bradbury escribió un tipo de ciencia ficción que no es progresista, nada detallista y que no es “rigurista” en su base científica; más bien, sus textos son ungüentos corrosivos que desnudan los vicios y defectos de su propio entorno, los Estados Unidos de América en la primera mitad del siglo XX, pero los ubica en escenarios futuristas alejados en tiempo y espacio. De esta forma Bradbury describe y disecciona estados totalitarios del futuro que basan su éxito en campañas de miedo y de manipulación propagandística – ¿les suena a Bush? -; evidencía el racismo, la xenofobia y en general, cualquier miedo a lo que nos parece extraño y ajeno. Pone de manifiesto – ubicándola a futuro – nuestra falta de respeto por  el entorno y todo lo que nos antecede, nuestra historia, nuestra dignidad. Vaticina ya en esos años problemáticas como la contaminación y la sobrepoblación humana.

– ¿Por qué no utilizamos el fuego químico de la nave en lugar de esa leña?

– ¿Qué más da? – respondió Spender sin alzar la mirada.

No estaría bien hacer ruido, en esa primera noche de Marte, introducir un aparato extraño, brillante y tonto como una estufa. Sería una suerte de blasfemia importada. Ya habría tiempo para eso; ya habría tiempo para tirar latas de leche condensada a los nobles canales marcianos; ya habría tiempo para que las hojas del New York Times volaran arrastrándose por los solitarios y grises fondos de los mares de Marte; ya habría tiempo para dejar pieles de plátano y papeles grasientos en las estriadas, delicadas ruinas de las ciudades de este antiguo valle. Habría tiempo de sobra para eso. Y Spender se estremeció por dentro al pensarlo.

Precisamente en estas fechas la NASA ha reforzado su sospechas de la presencia de hielo en Marte, y seguro que algunos visos – lejanos aún – de colonización han cruzado por la mente de mucha gente.

Regresando a la temática de las compras compulsivas, la semana antepasada fui al centro a buscar unos shorts para correr. Además de los cortos regresé a casa con esto:

Comentarios en: "Compras compulsivas y Crónicas Marcianas" (6)

  1. Que tal Izcoatl, primero para agradecer tu comentario en mi blog e igualmente agradecerte que me incluyas en tu blogroll, he leido algunas post en tu blog y se ve interesante, ya que más que correr soy un curioso en los temas de tecnología, computación y música, también estaré dándome vueltas a tu página. Saludos.

  2. Hola Luis. Gracias igualmente a ti por la visita y el comentario. Un gustazo en serio.

  3. Je, je, je… Hola, Izcoatl, claro que te leo… A veces me desaparezco poquito (y cuando escribes sobre cosas de PC me quedo en blanco y sin saber qué decir) pero siempre regreso.

    Las Crónicas te va a encantar. Si le pasas por alto el montón de contrariedades científicas, eso es. Mi capítulo favorito, Usher II, espero que te agrade… lo malo es que es más fantástico que otra cosa. Ojalá algún día le des al género una probadita.

    ¿Así que estrenas un Wii? ¡Te ooooooooodiooooooo!

    No te creas. Bueno, es pura envidia.

    Saludos.

  4. izcoatl dijo:

    @Aisling: en efecto, el capitulo de Usher II es de los mejores y lo he disfrutado ampliamente por sus grandiosas referencias a Poe; otro capítulo excepcional es Los Largos Años. Como en buena cantidad de ocasiones, tengo que tragarme mis palabras; tienes mucha razón, el genero del terror siempre estará imbuido de lo fantástico, así que perdona por denostar un poco de la fantasía. Por cierto ya estuve checando – influenciado por ti – los libros de Tolkien, y haciendo un esfuerzo por hacer de lado la visión de las películas comenzaré su lectura.

    De hecho me inicie en esto de las leídas de la mano de Verne por un lado, y de la de Poe por el otro, así que la mitad de mi sangre lleva ciencia ficción y la otra terror.

    El Wii se me hizo una buena opción desde el punto de vista económico, haciendo un poco de lado la falta de juegos “serios” para la consola. El punto es que no debí comprarlo, sin embargo ahí está flamante y reluciente junto a la T.V.

    Saludos y gracias por comentar.

  5. chales me desapareci un rato juju,tengo mucho trabajo , nomasvengo de pisa y corre a ver si un dia nos encontramos en internet pa juegar un ratico sisisisi … ah pero tu tienes Wiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii…yo nomas tengo mi dese.(ahi humildemente jeje)..weno ya me voy k me cierran la cortina del changarro .cuidate

    chupaaaaaaa

    oye ya bajaste los discos de los lagartos?

    jum… weno besos bye

  6. @Levania: deja configuro la red para que pueda conectar el DS, entonces podrás hacerme morder el polvo en Mario Kart DS, ¿cómo ves?

    Si descargué los discos, están de lujo. Gracias por el tip y por la visita. Saludos.

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