Las Muertas

Arcángela y Serafina, las hermanas Baladro, se dedican al redondo negocio del lenocinio, son madrotas pues, y regentean exitosos negocios en los estados de Plan de Abajo y Mezcala. Su negocio es fructífero y planean vivir de él toda la vida, sin embargo, toda una serie de incidentes y casualidades pondrán al descubierto una historia trágica y negra detrás de sus acciones, historia que las llevará a ellas y quienes les rodean a la perdición.

Este pequeño libro, mediante la narración desenfadada, llena de sorna e ironías, propia de la obra de Ibargüengoitia, nos transporta dentro de esta magnífica historia. Para ello, el autor se inspira en la vida y “obra” de las hermanas González Valenzuela – las Poquianchis -, para reflejar de manera fiel la vida provinciana mexicana de los años 60’s del siglo pasado. Ahí se encuentra retratada la doble moral de sus habitantes, que los domingos abarrota parroquias y capillas, pero que entre semana no encuentra enfado en asistir a prostíbulos; se encuentra también la corrupción de las autoridades locales, y la podredumbre que roe por dentro a instituciones como el Ejercito y los cuerpos policiales.

Sin embargo, la denuncia de mayor relevancia que realiza Ibargüengoitia en esta obra, tiene que ver con la esclavitud humana, que existe en pleno siglo XX – y también el XXI -,  y se hace presente en la figura de las muchachitas que sirven de carne de cañón para las hermanas Baladro. Obligadas a llevar vidas de infierno, arrebatadas de toda dignidad, comiendo peor que el perro, y para siempre endeudadas con sus “patronas, viven encerradas no sólo físicamente, sino también espiritualmente. La muerte se antoja como buen sucedáneo para toda esta miseria, y eso es lo que finalmente encontrarán algunas desafortunadas “trabajadoras” de las hermanas.

Si os interesa conocer más sobre la vida y “obra” de las Poquianchis, pueden encontrar un interesante podcast referente al tema en la siguiente liga:

Testigos del Crimen: Las Poquianchis.

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Comentarios en: "Las Muertas" (2)

  1. Hace mucho tiempo que leí este libro (me lo prestaron) y la verdad es que me gustó lo suficiente para comprármelo. Lo peor de la situación… ¡es que se trata de una novela cómica! No, no estoy bromeando. Ibargüengoitia trata una situación que es muy seria y muy dura, pero lo hace con sentido del humor, y lo peor del asunto… con un humor negro tan agudo que hasta uno se siente culpable de que cosas tan horribles lo hagan reír.

    A mi mamá, por cierto, le tocó conocer a las Poquianchis. Resulta que un día se aparecieron en su pueblo (el Téul, Zacatecas); andaban, como era su costumbre, cazando muchachitas. Mi mamá las recuerda como unas señoras muy enjoyadas que se paseaban por las calles como reinas. Al menos ahí no ocultaban a qué se dedicaban ni qué era lo que buscaban. Qué miedo.

  2. @Aisling: tienes mucha razón, una particularidad de Ibargüengoitia es tener la capacidad de desmenuzar el comportamiento humano dejando entrever el lado cómico de éste – por muy vil que sea -, eso no sólo lo aplicó a la vida ajena sino también a la propia, reflejado en otro libro suyo: La Ley de Herodes.

    Mira que el mundo es pequeño y la casualidad muy grande, buena anécdota la de tu mamá, haber visto – de lejitos mejor – a tan “distinguidas” señoras.

    Saludos y gracias por comentar.

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