The Dark Knight

Los superhéroes de mi infancia siempre han sido – y serán – Spiderman, el Santo y Kaliman. Dicho esto puedo asegurar que mi visión y opinión acerca de The Dark Knight, y todo aquello que tenga que ver con Batman, es probablemente pobre pero objetiva.

Me parece que Batman no es un héroe, es más bien un justiciero, una especie de Zorro vanguardista rodeado de gadgets tecnológicos que utiliza para impartir orden. Que sea millonario, dueño práctico de Gotham City, con la capacidad para crear su propio arsenal, y que pretenda llevar justicia por donde se pare hace que Batman me recuerde más a un tecnocrata que a un héroe.

El propio planteamiento de la película nos orilla a pensar en ello: ¿es en realidad Batman un héroe?  ¿O un  autoproclamado justiciero que habiendo desequilibrado el orden natural de las cosas propicia la aparición de villanos a su altura? ¿No es el mismo Joker quien asegura que su existencia no tendría sentido sin Batman? Un ying y un yang íntimamente ligados.

Se agradece sobremanera que más que un espectáculo de luchas, malabarismos y estallidos, la película contenga además un argumento que nos orille a razonar sobre el papel de la justicia y de quienes la imparten: ¿Vale más la identidad de un encapuchado que la de 5 personas?  ¿O vale menos la vida de un  soplón  arribista que la de un hospital entero? ¿Vale menos aún la vida de unos presidiarios que ya tuvieron su oportunidad en la vida que la del común de la gente?

También nos hace replantear el sentido de triunfo y derrota, pues al final, un Joker maniatado y débil se revela como el auténtico vencedor pues sus locuras y acciones hacen mella donde más duele: en la razón propia. Una acción siempre tiene reacción y un engendro engendra a otro, así, en el clímax somos testigos del surgimiento de un justiciero – autoproclamado también – que tiene sus propios móviles para actuar y sus propios métodos para juzgar: la probabilidad, o cara o cruz. Otro punto a destacar es que la Gotham City de Nolan resulta tan luminosa como cualquier otra, y eso logra remarcar de manera muy acertada que lo que pasa en Gotham City puede ocurrir en cualquier lugar norteamericano.

Viniendo de Norteamérica, la historia no deja de tener sus clichés y romanticismos. Al final la cordura se impone sobre la locura y el terrorismo, temor profundo de la sociedad actual, y no sólo norteamericana.

En conclusión, estamos ante una película de gran equilibrio, donde cada personaje se destaca por su propio peso en la historia, y no sobra nada ni nadie. Pero por momentos Joker logra acaparar las cámaras sólo para si mismo.

Colocando un punto y aparte: ¿es mejor el Joker de Heath Ledger que el Joker de Nicholson en el Batman de Burton? En mi humilde opinión no, ambos son personajes equilibrados que reflejan las características propias de los tiempos en que fueron interpretados. A veinte años de distancia, el Joker de Nicholson parecería ser más caricaturesco que el del presente, sin embargo hace veinte años la sociedad era también más caricaturesca de lo que es hoy – ¿ o será al revés? -. Hace veinte años también buena parte de la juventud de hoy no tuvo la oportunidad de conocer al Joker de Nicholson, y a estas alturas del partido simplemente esa juventud no se ha dado la oportunidad  de hacerlo.

El Jocker de hace veinte años estaba ubicado en una adaptación más gótica de Batman. La visión de Burton sobre Batman era más cercana a la fantasía que la de hoy, en aquella visión Gotham City en realidad era gótica y rebosaba obscuridad por doquier. El Joker es un ladronzuelo común que por circunstancias – relacionadas también a Batman – se consolida como el desequilibrado villano en grado superlativo; en esta versión son también el hombre murciélago y sus acciones quienes dan origen a sus antítesis.

Por último, llevar a un niño a  las diez de la noche a ver una función de The Dark Knight subtitulada, es una falta de respeto no sólo para el resto del público, sino también para el propio niño. Si llevas a tus hijos al cine por favor pon atención y esmero en que éstos comprendan y disfruten el regalo que les estás haciendo, si no terminarán llorando como ocurrió ayer con el hijo de un idiota que también se presentó al cine. Esta película es de clasificación B y no es apta para niños.

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