Izpapalotl (III)

Última parte de este cuento sin pies ni cabeza.

La relación con Izpapalotl no formalizó sino hasta un mes y medio después de aquella noche, y durante todo ese tiempo ambos nos hicimos los occisos respecto a lo que pasó esa vez.

El día “xx” del mes corriente – en aquel entonces – llegué a la Facultad y me encontré con una celebración sorpresa por mi cumpleaños. Debo decir que fue el cumpleaños más concurrido de mi vida, gracias sólo a la gran cantidad de amigos de Izpapalotl, más algunos míos (pocos). Ella misma organizó la breve y pequeña tertulia avisando a nuestros compañeros y comprando algunas pizzas, además de refrescos; fuera de eso, por ser día laboral, mi cumpleaños número “yy” pasó sin pena ni gloria. Tres días después – viernes social – fue su cumpleaños.

Ese día – un año después de nuestro primer y breve encuentro social – organicé una pequeña reunión  en la Facultad con amigos comunes; compré carnitas y refrescos y celebramos su cumpleaños número “zz”.

– ¿Cuál es el plan? – le pregunté a solas mientras mordía mi taco de carnitas – ¿Donde va a ser la fiesta? ¿En tu depa? Todos están bien apuntados.

– Estaba pensando en algo un poco más… íntimo – respondió,  haciendo que casi me atragantara con mi buche de taco.

Entendí la indirecta. Para disolver la reunión pretextamos ir a continuar con un trabajo pendiente y con ello la expectativa de fiesta se diluyó. Así en la noche la acompañé a casa, me invitó a pasar y yo gustosamente acepté. Poco tiempo después un amigo suyo llegó, tomamos cervezas y platicamos durante medía hora o más.

¿Y los demás? ¿Tus cuates? – preguntó el amigo extrañado de que ella en su cumpleaños la estuviese pasando con dos simples bichos.

– Pues se agüitaron y ya no va a haber nada – respondió ella.

– Uhmmmm – objetó aquél – ¿Y ahora entonces?

– Pues nada, ahora no hubo nada –

– ¡No mames! ¡¿Cómo?! – insistió nuevamente el amigo – ¿qué hacemos entonces?

– ¡Chinga! ¡Por mientras puedes ir a tender la cama del otro cuarto! Para que tengas donde dormir –

Aquél en ese momento entendió lo que sucedía y lo que realmente quería Izpapalotl. Hizo una cara de complicidad, esbozó una sonrisa picara y se fue al otro cuarto, a tender la cama y a dormir. Izpapalotl y yo nos fuimos al suyo a hacer lo propio. Así comenzó la relación formal entre ella y yo.

– ° –

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– ° –

Esta es la parte menos anecdótica de las tres, pero es el meollo de todo esto que escribo.

Sin estar completamente enamorado de ella, al comenzar la relación de pareja, Izpapalotl nunca imaginó que se iba a dar de topes con pared. Pasado un tiempo y la euforia inicial, comenzó a darse cuenta de mi real condición y mi calaña maldita. Se dio cuenta de que yo estaba sumido en una cerrazón sin par; que detrás de mi enorme sonrisa y mi gran diplomacia – a manera de Joker – despreciaba todo y a todos; que era tan cínico como para sonreír, arengar y adular a las personas mientras por dentro les mentaba la madre.

Cuando cayó en la cuenta de esto, más que replegarse y huir despavorida – debió hacerlo -, comenzó a interesarse en mi peculiar visión del mundo, caminó a mi lado mientras escuchaba mis absurdas ideas y se intrigaba con mi visión apocalíptica de la gente. Sorprendido de que alguien escuchase mi evangelio proscrito, comencé a abrirme para ella como no lo había hecho para nadie en un buen tiempo, y captó lo que sus dos antecesoras no pudieron ver ni en la distancia; sus miradas de extrañeza y asusto se trastocaron en miradas de reflexión y entendimiento, eso fue su perdición y mi pecado. Fruto de todo ello, empezó a tornarse melancólica al por mayor, a reflexionar lo que antes no reflexionaba, a dudar de lo que antes ni cuestionaba y a observar lo que antes pasada antes sus ojos velados; se tornó taciturna, irascible con todos menos conmigo, a quien todo perdonaba. Propensa a la alegría y a la chanza, sorprendió a todos – incluyéndome a mi – con su propia transformación y su nuevo carácter cabizbajo.

Finalmente terminé con ella, no por dejar de amarla – en principio no la amé -, pues ocurrió lo contrario, comencé a adorarla. Terminé con ella por alejarla de mi, por sacarla de mi bastarda zona de influencia – aunque suene a estupidez -; en efecto, no faltó quien me culpó por su radical transformación.

En ello radica mi pecado, ella en un principio trató de sacar a Izcoatl del hoyo, pero nunca pudo hacerlo, así que fue ella quien finalmente bajó hasta el fondo del mismo, y se ensució con toda la mierda, podredumbre y mala vibra que había ahí adentro. Eso es algo que Izcoatl nunca podrá perdonarse.

Comentarios en: "Izpapalotl (III)" (4)

  1. ….no voy a decir k te entiendo, por k no es cierto..

    ni te voy a decir k comprendo…por k tampoco es verdad..

    todos tenemos la maldad dentro, solo hay k encontrar a akel ke la kiera dejar salir, y a akel la kiera recibir…

    .

    …tengo el disco PROHIBIDO del mastuerzo.si kieres te lo paso…
    .

  2. Ni yo me entiendo.

  3. ….

    …lo decia por k SE de lo k hablas…

    por k yo he hecho lo mismo muchas veces…

    .
    .
    .

    …creo k no me entendiste ..te mando un abrazo hermano!!… 😄

  4. Vaya… esta es una extrañísima historia de amor (y me imagino que esas cosas nomás suceden en el DF, que a veces me parece otro país). Confieso que para la segunda parte yo no tenía idea de a dónde iba a parar todo eso.

    Como sea, no creo que Izcoatl debiera de culparse del “contagio anímico” de Izpapalotl. Tal vez ella llevara ya una semillita melancólica que no necesitaba más que de un invernadero conveniente para crecer y hacer un desbajaruste. O a lo mejor guardaba en el corazón un cuenco tan vacío (y perdón, eso es lo que pienso del sexo antes del amor) que tenía que llenarse con lo primero de profundidad que pasara por en frente.

    No sé hace cuánto ocurrió esto, pero si Izcoatl la adoraba, no tendría que haberla dejado ir. Nadie nos salvamos de caer en pozos a los que no les vemos fondo (y que a veces son tan hondos como los dedos de nuestros pies) y si alguien elige caer con nosotros por algo será. A lo mejor el otro es nuestra sonda. O nuestro escalón (y si estamos fuera, pues tenemos manos que tender hacia atrás, caramba).

    De cualquier manera, buena escritura, y buena rola.

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