Fahrenheit 451

Nuevamente Bradbury. Otra vez él con un libro de ficción futurista sin detalles científicos o técnicos, pero convertido en una granada literaria que ametralla todo a su alrededor. Un libro más que al desgranarse arremete al lector con esquirlas de duda y vaticinios sombríos. ¿Cómo será un mundo en dónde nadie lee?

Guy Montag es un orgulloso integrante del cuerpo de bomberos en una ciudad futurista sin nombre, pero que corresponde a cualquier ciudad de Norteamérica. Sin embargo, en aquel lejano futuro, los bomberos no apagan fuegos, los inician. Son ellos en quienes recae la noble labor de preservar la seguridad del ciudadano, evitando a toda costa que éste contamine su felicidad a través de la lectura de libros, y por tanto los queman. Son auxiliares de estos guardias del orden los domésticos muros televisivos que transmiten todo el día vidas de ensueño a las familias amodorradas, y  también las ondas hertzianas que aplastan la conciencia de los escuchas a través de caracolillos dispuestos en los oídos de las masas (audífonos), ambos medios de comunicación, controlados por el estado; producto de ello, la sociedad pierde la capacidad de conversar, de todo esto tenemos visos el día de hoy.

Sin embargo Guy conoce un día a cierto personaje que hará cimbrar su férrea convicción de hacer lo correcto. La extraña niña Clarisse – a quien conoce de regreso a casa, después del trabajo – perfora la conciencia de Montag a través de la conversación, a manera de pequeña Sócrates, arremete con cuestionamientos contra el anquilosado y apolillado sentido común del bombero, socavando incluso su cordura. De esta manera, la visión de Montag se encamina a reflexionar sobre la forma de vida que protege y defiende, a cuestionar su labor y a sus superiores, convirtiéndolo así, ahora, en nuevo blanco, en chivo expiatorio, del sistema que custodiaba.

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…Pero sobre todo me gusta observar a la gente. A veces me pasó el día en el tren subterráneo, y miro y escucho a la gente. Me gusta imaginar quiénes son y qué hacen y a dónde van. A veces hasta voy a los parques de diversiones y me subo a los automóviles de reacción cuando corren por los suburbios a media noche y a los policías no les importa con tal que la gente esté asegurada. Con tal que tengan póliza de diez mil, todos contentos.  A veces me escurro por ahí y escucho en los subterráneos. O en los bares de bebidas sin alcohol. ¿Y sabe una cosa?

– ¿Qué?

– La gente no habla de nada.

– Oh, tienen que hablar de algo.

– No, no, de nada. Citan automóviles, ropas, piscinas, y dicen ¡qué bien! Pero siempre repiten lo mismo, y nadie dice nada diferente…

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El mismo Bradbury arroja una reflexión posterior a la concepción de su libro, que resulta estremecedora:

…Sólo resta mencionar una predicción que mi bombero Jefe, Beatty, hizo en 1953, en medio de mi libro. Se refería a la posibilidad de quemar libros sin cerillas ni fuego. Porque no hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee, que no aprende, que no sabe. Si el baloncesto y el fútbol inundan el mundo a través de la MTV, no se necesitan Beattys que prendan fuego al kerosene o persigan al lector… ¿quién, después de un tiempo, lo sabrá, o a quién le importará?

Comentarios en: "Fahrenheit 451" (3)

  1. Estupendo libro… lo leí por allá en los ochenta, y me encantó, pero hace tiempo que no pensaba en él. Y mira que estamos muy cerca del mundo que describe Bradbury, porque, como dijo la periodista Martha de la Lama, “En México no hay necesidad de quemar libros; total, ni quien los lea”. Un autor que se llama Juan Domingo Argüelles defiende el derecho de la gente a no leer si no quiere y yo estoy de acuerdo con él, pero cuando no leer está peligrosamente cerca de no pensar, ya es otra cosa. Argüelles más que nada critica a los pedantes que piensan que porque se han echado miles de libros ya son superiores a los demás.

    Con todo, creo que sí viviríamos mejor si en general leyéramos más. Pero en donde vive Montag las razones de que no se deba leer van más allá: la gente que no piensa es más fácil de controlar. Eso lo sabe cualquier régimen tiránico.

  2. ¡Toing! sentí la descalabrada con eso de ‘no leer libros’. Últimamente he leido menos que antes, y todavía leo comics, algúno que otro libro de texto de algún tema que me interese y sobre todo, en internet, pero literatura casi no. Es una ‘tarea pendiente’ que tengo desde hace algún tiempo. Estoy de acuerdo en eso de que la gente no debe leer si no quiere… o mas bien, con algo que, según recuerdo, dijo alguna vez David Duchovny: Que no hay que obligar a nadie a leer a los autores clásicos. Refiriéndose mas que nada a los estudiantes de literatura. Es decir, cada quien tiene sus gustos e intereses y por lo tanto, el no leer a un autor en particular no es ninguna clase de pecado. En mi caso, me pesa un poco porque si quisiera leer varios libros que tengo y he ido dejando que se me acumulen…

  3. @Aisling: gracias por el apunte, en efecto, Bradbury pretende dar ese sentido a la novela, reflejar una sociedad que es fácilmente manipulable como producto de su ignorancia.

    @Draco: gracias también por el aporte; lo importante es ocupar la mente en algo, libros, comics, películas; cualquier cosa que nos lleve a auto cuestionarnos es un gran avance. Igualmente creo que leer debe ser una elección – yo mismo he dejado libros a medio leer -, pero cuando la mayoría de la gente en un país decide no hacerlo entonces algo no funciona del todo bien en ese país. Gracias por comentar.

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