Batallón de San Patricio

Esta breve y sencilla reseña está dedicada a mi amiga mexicano-irlandesa Aisling, quien hace pocos días, y con motivo de la fecha conmemorativa en honor del Batallón de San Patricio, escribió su propia reseña en su blog, uno de los mejores que he tenido el gusto de leer. Aisling, con mucho cariño y respeto, aquí está mi tarea.

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John O’Leary nació en la vieja y mística Irlanda; hijo de un padre proscrito, creció solo junto a su madre, entre los campos de cultivos arrebatados difícilmente a los pantanos de la milenaria Éire. Su infancia y juventud, lejos de ser felices, estuvieron marcadas por la opresión sufrida por su pueblo bajo el yugo inglés; asimismo, aún siendo joven, se vio envuelto en una relación amorosa que tuvo infeliz destino. Es así como John, cansado de las carencias, las humillaciones y la falta de oportunidades para crecer, decide salir de su país natal, apostando por olvidar y dejar atrás su historia y sus amarguras; poco adivina que la aventura que emprende le llevará a combatir en suelo extraño y entre gente extraña, al mismo tipo de opresión que le obligó a dejar su patria.

Enrolado en el ejército de Estados Unidos de América, bajo promesa de recibir una nacionalidad y un respeto que en aquél país tampoco se le concede, John combate contra las fuerzas mexicanas durante la Guerra de Intervención Norteamericana de 1846 – 1848. Cae herido en combate, pero, merecedor de la lástima de Cayetano Uribe – jefe guerrillero -, su convalecencia y curación corren a cargo de Constancia, la hija de Uribe, de quien termina enamorándose; sin percatarse de cómo, pronto se ve a sí mismo conviviendo entre gente extraña por la que acaba desarrollando un afecto entrañable; por lo mismo, se enrola en la filas del Batallón de San Patricio, unidad de combate del ejército mexicano integrado  por desertores del ejército de Estados Unidos, irlandeses en su mayoría. La condición de debilidad ante un opresor, de semejanza en el credo religioso y el anhelo de justicia es lo que orilló a estos hombres a voltear bandera y combatir de nuestro lado en esta guerra.

Aunque la pequeña novela se recarga en el cliché ya desgastado de la relación amorosa, también invita a reflexionar sobre otras cuestiones, sobretodo morales.

– ¿Es usted yanqui?

O’Leary sonrió y negó suavemente con un movimiento de cabeza, mientras respondió:

– No… soy irlandés.

– ¿Y allí… hablan nuestro idioma?

– No. Tenemos lengua propia, pero los ingleses nos obligan a usar la suya.

– Y eso…¿dónde queda?

O’Leary hizo ademán amplio mientras dijo:

– Al otro lado del mar.

Constancia fingía entretenerse con pequeños dobleces que hacía entre sus dedos nerviosos a la sábana cuando preguntó lo que más le interesaba:

– ¿Y qué hace usted aquí?

¿Cuántos soldados de origen mexicano que están ahora en Iraq podrían responder la pregunta?  ¿Cuántos soldados gringos podrían responder a la pregunta también? Todos sabemos que buscaban armas de destrucción masiva… ¿o no?

Si bien la participación del Batallón de San Patricio pudo ser más trascendente – no en balde recibieron el mote de Colorados Valientes -, al final la guerra terminó con un mal saldo para nuestro país y para estos héroes. Lastimosamente, fueron las propias pugnas internas las que no permitieron hacer un papel más decoroso; la disensión entre nuestra sociedad así como las malas decisiones de nuestros gobernantes dieron al traste con cualquier esfuerzo afanoso por llevar a buen término este conflicto histórico. Resulta irónico que en los tiempos que corren sean también nuestras propias diferencias las que estanquen el desarrollo del país. Entre la delincuencia organizada, la delincuencia disfrazada – nuestra propia policía – y nuestros gobernantes, la gente de a pie, la que trabaja y atiborra los andenes del metro a las horas pico, y la que madruga todos los días en provincia, vive sólo a la expectativa de no ser vejada por alguien más. Si no viene alguien extraño a quitarnos lo que es nuestro, lo hacemos nosotros mismos; no hace falta que venga un gringo colorado a arrebatarnos la seguridad y tranquilidad que merecemos, lo hace un mexicano igual nosotros. Personas extranjeras apoyaron y defendieron a México con amor entrañable, ¿por qué lo destrozamos nosotros?

A pesar de pertenecer ahora a otro país, aquéllo que perdimos – gran cantidad de territorio – resulta ser más mexicano que el mole y el pozole. Ahora somos nosotros quienes los invadimos silenciosa, lenta y progresivamente hasta colarnos en sus narices; nuevamente, es la búsqueda de un mejor lugar  y de un respeto no conseguido en tierra propia lo que orilla a miles de mexicanos a cruzar la frontera. Hay quienes nos califican como el patio trasero de los Estados Unidos, esta condición no la escogimos ni la compramos, aquí nacimos, aquí crecimos y aquí moriremos, y de ello sólo siento orgullo; nuestros antepasados ya cultivaban los fértiles campos del valle de Anáhuac y medían el tiempo con justa precisión, fueron ellos los que vinieron de arrimados, ahora sucintamente se hacen llamar “americanos”. Es evidente – por la ubicación geográfica – que entre los dos países existe un intercambio cultural que en algunos casos enriquece y en otros degrada, eso es algo que ha pasado y seguirá pasando ciclicamente en el discurrir de la historia humana y en distintos lugares.

No sólo los colorados valientes han sentido afección por México, 60 años después, durante las guerras intestinas que constituyeron la Revolución Mexicana, al menos un colorado más atravesó la frontera de México para colaborar como simple espectador. Ambrose Bierce, renombrado escritor y cuentista norteamericano de terror, se unió a las filas de Pancho Villa en 1913 y nunca más se supo de él. Este personaje sirvió de base para el Gringo Viejo de Carlos Fuentes.

Existe una canción de Real de Catorce que refleja ampliamente el sentir mexicano hacia la frontera y la unión de los dos países, enseguida les dejo la canción y la letra.

Por el fuego y el thinner
por tu voz de patrulla
por la calle sin nombre
por la historia ignorada
caigan pues las monedas del honor y la furia.

Por la raza en la esquina
por los veinte cigarros
por el humo y la charla
por la luna descalza
ven a unirte a la lluvia que nos moja la espalda.

¡Esta tierra es nuestra!
huele a nuestra sangre
quiero que me entierren
justo en la frontera.
¡Esta tierra es mía!
como mi mujer
¿necesito visa pa’ venirla a ver?
¿pa venirla a ver?

Por la pinta y el cholo
por la amarga cerveza
por el blues y la polka
por la guerra entre vales
pon los tragos amigo que yo invito las otras.

Por la noche en la cara
por el bravo desierto
por la risa entre dientes
por el alma de un perro
saca pues la viajera que enrojece los ojos…

¡Esta tierra es nuestra!
huele a nuestra sangre
quiero que me entierren
justo en la frontera.
¡Esta tierra es tuya!
como tu mujer
¿necesitas visa pa’ venirla a ver?
¿pa’ venirla a ver?

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Enlaces:

Reseña de Aisling sobre el libro

La Casa de Aisling

El Batallón de San Patricio en Wikipedia

Ambroce Bierce, el Gringo Viejo, en Wikipedia.

Comentarios en: "Batallón de San Patricio" (7)

  1. Pero qué estupendo comentario… pensar que yo te había pedido una reseña de esta novelita tan sencilla y mira todo lo que he recibido… =D

    Me encantó el análisis que haces de la situación actual y de cómo han pintado las cosas para nuestro pobre país que con todos sus defectos (y aquí se cuentan el canibalismo fraterno) sigue provocando afecto en quienes vienen. Cierto, en México no necesitamos que venga nadie a darnos en la torre porque lo hacemos solitos y, lo que es peor, por pura supervivencia. No es éste el mundo como debería ser, pero mientras lo sigamos fabricando así, ni quién pueda objetar.

    Un agradecimiento, además de por cumplir mi petición, por llamarme mexicano-irlandesa… me suena tan dulce, tan a la música de aquellas tierras que habla de hogares perdidos y nostalgia y esperanzas. Por unos cuantos segundos mi corazón ha vuelto a Galway.

  2. Orale! que interesante! Me gustán algunos temas de historia universal, pero a decir verdad, de historia de México conozco muy poco y en particular, de lo que escribiste es algo que yo desconocía. Gracias por la información!

  3. Aisling, Draco, gracias a ustedes por leer. Saludos.

  4. luis enrique flores rodriguez dijo:

    super mega ultra relajante la musica saquen mas de esta y dejense de grabar las disqueras pendejadas de “artistas ” que ni saben cantar.

  5. O_ô

    No sé si te refieras a la música del Widget de Box.net o a la del video del post, de cualquier forma gracias por comentar.

  6. BERNARDO dijo:

    Hola, soy de Panamá, pudiera usted decirme como y en donde comprar el libro…?

  7. Estimado Bernardo:

    Este libro me fue heredado hace ya buen tiempo. No he tenido el gusto ni la oportunidad de verlo en tiendas nuevamente; supongo que el interés acerca de este volumen se ha perdido. La edición con la que cuento fue liberada por Populibros La Prensa, una serie de libros de bolsillo lanzados hace ya mucho tiempo en México, y sólo es posible conseguir algunos ejemplares en librerías “de viejo” aquí mismo, en la ciudad de México. Lamento no poder ayudarlo más allá de la pobre información que le doy.

    Saludos.

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