En algún día del año 1999 llegó a mis manos una carta que transcribo a continuación. Checar las notas al pie.

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Algún lugar lejos de México, marzo de 1999.

¿Qué pues *****?

¿Que qué tan lejos? Naaaa! Estoy algo retirado, cosas muy nuevas, experiencias muy chingonas y hoy, justo hoy (y ya después de algunos días), que recuerdo mis 2 semestres y cacho en la Fac’ de Q, y a todo esto, la metalurgia.

Hay montones, montones de interrogantes – ¿cómo te va?, ¿tú también, cómo le has hecho para sobrevivir?, ¿qué fue del “Lobo” y su “barco pirata”? [1], ¿sus piratas nadaron como lo prometieron?, ¿qué tal te va en “parciales” [2], es así de “perrales” como prometieron?, ¿qué hay de los viajes al D[3], igual de largos? ¿ya vas en algún medio automotriz o sigues empleando la buena caminata?, ¿qué fue de la clase de “Elementos”, ya lograste volarte algún libro muy codiciado?, ¿sigues yendo a “chupar” los fines de semestre (sic, de semana)?, ¿cuántas “gordas” te echas a la semana allá en Ciencias?, ¿siguen siendo los tacos de canasta de las mejores opciones?, ¿qué tal pinta la vida en el D?

Ah!, tanta cosa que quiero saber, había perdido tu dirección y hoy, rascando al rincón de este armario, vi aquello, oh sí que lo vi! “Por mis cojones, es la dirección del *****!!”.

No es para menos, el único de aquel grupo 7 con el que me llegué a medio-llevar, quizá el único que me caía bien, naaaa! Quizá fue cosa de intereses comunes, pero ahí andábamos, al D viaje ida y vuelta, tareas, chismes, opiniones, música, y ya ves que llegamos a Ciencias!. Nunca olvidaré aquella interrogante del “Lobo”: “¿A ver, cómo lo saco?” [4], ¿Te acuerdas de la respuesta esa de “Punto Siete”? [5], de la que ahora me puedo reír sin preocupación máxima. Ya ves, por fin me vine, te lo comenté que era probable y así sucedió. El cambio de vida que estoy pasando ha estado algo fuerte, lo que trato es ya no ser el “exprimido” sino el “exprimidor”. Un país de “primer mundo” (juar, juar!!), con su escuela con hartas comodidades, sólo faltan máquinas que te rasquen los “destos”, un frío de la chingada aunque no me molesta en lo más mínimo, trenes a 150 km/hr, exactitud a todo momento y un curso cabrón, así es, nada de metalurgia ni termodinámica, voy sobre un curso de matemáticas que a decir verdad está muy difícil. Si vieras qué desmadre se arma para resolver tan sólo un ejercicio!!. Ahora el invierno quedó atrás, por favor, escríbeme, sería muy deplorable escribirte con tanto gusto y sin tener reciprocidad, porque pa’ todo esto, me caes muy bien cabrón. Por ahí dale mi dirección a +++++ [6], y pues convence que su escritura, y la tuya, vengan pa’ cá, me daría mucho gusto saber de aquel lugar que deje, tan bello que lo es, a través de ustedes.

Pues un chingo de saludos y un abrazo.

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P.S. Pásale el “tip” entonces a +++++ [6] por favor.

P.S.2. Saluda a toda esa “bola” de tus amigos, habrá que recordarles quién soy…, (de mi parte).

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Notas:

  1. Sobrenombre de un profesor bastante engreído y difícil de tratar. En su alusión a ser un profesor “barco”,  la diferencia entre él y el resto de la plantilla académica estribaba en que él era un “barco pirata”, según decía.  De hueva, lo sé.
  2. Ecuaciones Diferenciales Parciales, primer gran escollo para quien emprendía mi carrera en aquellos días.
  3. Edificio “D” de la F. Q., separado en gran distancia de los edificios principales. Era harto difícil culminar una materia en estos edificios y tener que salir corriendo hacia el edificio “D” para asistir a otra clase, una enseguida de la otra.
  4. El profesor en comento preguntaba por la fracción (masa) de un gas en específico, de entre una mezcla de gases.
  5. Mi amigo y yo, al no tener idea siquiera de lo que preguntaba el “Lobo”, respondimos “punto siete” al unísono, una respuesta “soplada” desde la otra banca. Patético, lo sé.
  6. Colocar aquí el nombre de una amiga en común.

Como buen pendejo que soy, como la gran lacra que no aparento ser pero soy, nunca respondí a la carta que envió mi amigo. “Mañana le respondo”, y el mañana ha durado 10 largos años.

Almacenada durante todo este tiempo, guardé esta carta, imaginando en un principio cuáles serían mis respuestas, y olvidando en último término la precaria e insulsa contestación que había hilado en mi mente, tan pendeja siempre.  Sin dirección fidedigna a dónde dirigir mi tardía respuesta, utilizo este medio para hacerla llegar por lo menos a alguien desconocido, intangible y sin rostro, buscando la manera de redimir mi estupidez, si no con mi amigo, si con alguien más.

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Estimado carnal:

¿Qué puedo decirte que pueda excusar y redimir toda esta culpa que siento adentro? Tú viviendo tan lejos y yo tan lacra que decidí echar en saco roto todas nuestras vivencias, desestimando el admirable detalle de acordarte de mi amistad pese a tus ocupaciones, pese a que las probabilidades de volver a encontrarnos eran tan mínimas. ¿Qué  puedo contarte que logre arrancar de tu rostro una sonrisa, un asomo de aquellas risillas discretas que proferimos juntos en los solitarios y vacíos pasillos del edificio “D”? Lo menos que puedo hacer es responder a tus viejas preguntas.

El “D” después de tu partida ya no fue tan solitario como antes, quizá fue la necesidad de compañía – ante tu ausencia – lo que me orilló finalmente a terminar de abrirme a una comunidad de por sí cerrada y anquilosada, aunque me resistí todavía por un tiempo a congeniar con la gran fauna que resultó ser Metalurgía. Escapé demasiadas veces todavía al refugio de mis antiguos conocidos en los edificios principales de Química, a departir la borrachera y los malos chistes locales con aquella pandilla de chicos que tú también conociste. Pero las cosas caen por su propio peso, pronto me harté de las situaciones cansinas, los chistes y las actitudes pendejas de la gran mayoría de ellos, así que bajo esas circunstancias, el edificio “D” vino a constituir un refugio para mi. En aquél edificio gente nueva asomó sus narices en mi vida, y yo asomé las mías a la suya, agradecí pues aquella circunstancia que tanto aborrecía de principio: comenzar nuevas relaciones.

El advenimiento de la huelga del 99 echó por tierra los esfuerzos e ilusiones de muchos, sin embargo para mi constituyó el antes y el después de mi desempeño académico. Obligado por las circunstancias y mis padres, trabajé ocho de los nueve meses que duró la huelga, primero en una tienda de abarrotes, luego en una alquiladora de lonas, mesas y sillas; rebanando cuartos de jamón, o jalando cuerdas sucias desde una barda mal cimentada, reflexioné mi rol en esta vida y decidí que la próxima vez – si la había – no tiraría mi tiempo por la borda de este pinche barco sin retorno que es la vida. En cuanto terminó la huelga, tomé mis nalgas y fui a posarme en el salón de clases.

Ante esta nueva actitud de mi parte, poco puedo agregar respecto a la vida académica del edificio, que resultó ser ligera. El “lobo” resultó ser un cordero que fue removido de su cargo debido a su nula sagacidad pedagógica, su barco pirata naufragó como trajinera  en medio del Pacífico. Parciales resultó ser tan difícil que el profesor se vio obligado a reducir su curso a una simple “reseña” de la “ecuación de calor”, pese a ello hubo gran cantidad de reprobados y yo sudé la gota gorda en cada examen a casa que hubo durante el curso, los problemas eran tan infernales que “El Loco” – mote del profesor – confiaba que nadie podría resolverlos. Seguí prefiriendo la caminata para desplazarme al edificio “D”, después ya no hubo necesidad de moverme de él; ahora en cambio existe una ruta de transporte escolar que conecta todos los edificios de Química, por lo tanto ya no hay necesidad de correr, aún con eso, siempre preferí caminar. La clase de “Elementos” resultó ser sólo una clase más. Nunca logré robarme algún libro codiciado, me acostumbré a leerlos en la escuela, para no tener la necesidad de tomarlos en préstamo para casa, así que ello aligeró mis viajes en el ajetreado “metro” de la Ciudad de México.  “No sólo de gordas vive el hombre”, como estudiante, las gordas y los tacos siguen siendo la primer opción, pero cuando se dispone de una beca uno puede comenzar a llevar dieta de doctor, es decir que la comida corrida y la carne de verdad pueden incluirse en el menú diario.

“Hierba mala nunca muere”, casi nadie interpreta bien este refrán, que en realidad indica que los viejos vicios nunca se pierden; me gusta beber alcohol y creo que siempre me gustará, al menos mientras aun tenga hígado y riñones, así que los viejos compañeros de vicio fueron sustituidos por otros, y éstos a su vez por otros; tal vez la cadena nunca termine. Sin embargo he logrado compaginar mis aficiones y vicios con mis responsabilidades.

En aquél edificio y en aquéllos días he dejado gran parte de mi vida y mi historia. Hubo una grácil y hermosa chica de cabello rizado que me arrancó suspiros, me hizo dormir poco, y que convirtió mi vida en un infierno durante mucho tiempo; hubo una chica más, de cabello crespo, a quien yo le amargué la vida. Eso sin embargo he logrado dejarlo atrás, aunque no del todo. Siempre me gustó Ciudad Universitaria, así que la convertí en mi segundo hogar, y a la UNAM en mi segunda madre; no me limité nunca al cerrado espacio de Metalurgia, hice de Ciencias, de Polakas, de Psicología, de Filos y de muchas más mi patio de recreo;  he recorrido de cabo a rabo, caminando o corriendo, esa hermosa casa que es CU. Las mismas unidades habitacionales que rodean al campus se convirtieron también en mi refugio, cobijándome ya sea en la dormilona de alguna borrachera, o bien resguardándome al calor de una charla o  de algún cuerpo.

No sabes cuánto agradezco que, hace ciertos días, descombrando el viejo portafolio lleno de libros en fotocopias, recuerdos preparatorianos y demás parafernalia, dí con tu despacho postal; releyendo me maldije muchas veces por mi desidia, pero también encontré, al pie de todo el escrito, tu vieja dirección de correo electrónico. Así fue como aquella noche, sin saber de dónde, te llegó mi conversación por “mensajero”.

“¿Y este pelado quién será?” No adivinaste en primera instancia quién era ese nuevo personaje que osó interpelarte; esperé todo de tí,  frialdad, enojo, desinterés, todo excepto recibir esa calurosa nueva bienvenida a tu vida. Muchas, muchas gracias por eso.

Atentamente.

Tu carnal

Comentarios en: "Correspondencia Tardía" (2)

  1. Hola.ya tenia tiempo sin venir a verte y se me hizo muy curioso tu post, jejeje. pero me kede intrigada…Y luego k paso?? te mando muchos saludos(pero con tapabocas todavia jijiji)

  2. izcoatl dijo:

    Hola Levania.

    La historia aun continua, en el acontecer diario, pero es hasta aquí lo que he decidido escribir. Me da mucha alegría que aun me visites; ¿cómo está todo contigo? ¿cómo has vivido la paranoia colectiva de la gripe “cochinera”?

    Saludos y espero recibirte por aquí más seguido.

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