…yo nací un día nublado, creo que nunca paró de llover en la calles, alguien dijo que noviembre lloró.

Y la lluvia te concedió magia para crear música propia de corazones solitarios y necios, maestro José; para nosotros que tanto nos gusta la lluvia…

Hace ya bastante tiempo que trepé la primera parte de este concierto al widget musical de la barra lateral. Azul es la continuación de una auténtica experiencia que me gustaría haber vivido, pero nunca pude. En Al Rojo y Azul,  José Cruz y su Real de Catorce  inundan los oídos de un foro abarrotado de chilangos de ritmos propios del delta del Missisipi o de la ciudad de Chicago. En este par de discos confluyen la genialidad de un músico en silla de ruedas, la solitaria sombra de un ser que merodea por bares de París y es remedo de un lobo estepario, un piano que toca sin parar en las noches y un Dios que atisba por cerraduras en busca de obscenas escenas, pues hasta él debe tener morbo por las ricas y sudorosas situaciones mundanas.

Si quieren darle oportunidad a una parte muy memorable del blues mexicano, pero muy olvidada del rock mexicano, recomiendo adquirir estos 2 discos.

En tiempos recientes he estado muy solitario, después de varios ires y venires de Cihuaxochitl en los primeros 3 meses del año, siempre tocando la puerta de mi vida a conveniencia, un buen día decidí no abrir más; un tanto por su salud mental – es una niña -, un tanto por la mía, y un tanto por aburrimiento.

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