Despiertas en medio de la nada, en un viejo y obscuro bosque en sempiterna penumbra, y es que todo alrededor tuyo se define entre el blanco y el negro, pasando por el resto de matices que se pueden lograr al mezclar estos 2 colores. Existe luz, eso sí, pero siempre en menor proporción que el negro, y no hay que dejarse engañar, luz y sombra están destinados a lo mismo, a ocultar peligros y trampas, todo encaminado a no permitirte salir de Limbo… ¿o es más bien esto el infierno? Este mundo de obscuridad donde todo se ve a medias y no se adivina dónde aguarda el peligro, y en el peor de los casos nada se ve…

Apenas se distinguen los ojos…

Limbo es un juego indie desarrollado por Playdead, desarrolladora danesa de poco renombre que con este título ha derrochado calidad. Como comenté al principio, en Limbo encarnamos un pequeño niño que despierta en medio de un bosque penumbroso, no hay introducción ni prologo, es nuestra propia curiosidad de jugón lo que nos impele a comenzar a recorrer el extraño – y peligroso – mundo que nos rodea. La premisa es simple, avanza hasta lo que pareciera ser la meta, misma que no está indicada y dónde no sabemos qué o quién aguarda, ¿realmente existe un final en Limbo?

La mecánica es también simple, un clásico ‘plataforma’ donde saltar, arrastrar y pulsar algunos objetos son las acciones de mayor complejidad que existen. Así debemos recorrer los senderos de Limbo que van desde el viejo bosque, una ciudad ruinosa y decadente, y algo que parece un viejo complejo industrial, hasta a algunas etapas un tanto surrealistas, y todo este recorrido es una serie de puzzles que debemos desentrañar para no caer a la muerte. En cada recoveco oscuro se puede esconder un peligro: una rama que cae, una herrumbrada trampa de oso, una inmensa araña, o bien esas tétricas trampas que tienden unos extraños hijos de puta que parecen anteceder nuestros pasos, destinadas a despedazarnos, y es que una de las particularidades de Limbo es que la muerte del personaje no es nada piadosa, y si bien no es gráfica en extremo, si se deja adivinar bastante turbulenta y despiadada. ¿Quiénes son esos personajes? ¿Qué buscan? ¿Por qué se esmeran con tanto ahínco en sus tenebrosos artificios de muerte?

Ahí están… preparando sus malditos artilugios…

Limbo no es un juego que destaque mucho en el apartado gráfico, la premisa del juego no requiere mayor truco técnico en este ámbito, y ahí es donde reside su encanto, formas y figuras que apenas se dejan adivinar, dada la limitada paleta de colores que se usa, pero no por esto se puede decir que el juego luce mal, muy por el contrario, logra su cometido de sumergirnos en su penumbroso ambiente. El apartado sonoro es igualmente excelso, pero ojo, no hay música ni soundtrack que acompañe a nuestro pequeño niño, el simple ruido ambiental basta y sobra para lograr ese mood tenebroso y de incertidumbre. ¿Qué es ese chirrido? ¿Esa extraña vibración? ¿Y el zumbido de esa nube de moscas… oculta algo?

¿Y esa chica que nos espera al final del cuadro, quién es? Todo en Limbo es una constante interrogante, tanto que incluso el final está sujeto a interpretación, y no han sido pocas las personas que se han dado a la tarea de darle un sentido.

Limbo es un juego corto, pero la experiencia bien vale la pena, puede conseguirse en Xbox Live Arcade o bien mediante Steam, mi proveedor favorito de vicio digital.

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